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Al Minián se le prohibió rezar en nuestra sala de los últimos 4 años durante tres semanas consecutivas — y encima nos avisaron de la prohibición recién después de que ya había empezado el Shabat.

Lo que sigue es un resumen de los hechos tal como le pasaron al Minián y a nuestro uso del pequeño Salón Doradito (que estuvo sin usarse durante 15 años hasta que se le dio permiso al Minián en 2022) a lo largo de las últimas cuatro semanas.

Desde que el Minián empezó a usar el Doradito —esa salita, hasta hace poco olvidada, dentro de la Sede de Hebraica en Pilar, de la cual el Minián es el usuario principal— a fines de 2022 y hasta ahora, casi no hubo incidentes en los que la administración de Hebraica nos pidiera no usar esa sala.

Durante estos cuatro años, calculamos que aproximadamente una vez cada seis meses nos avisaban, con todo respeto, que había otro uso importante que le querían dar al Doradito, y nos pedían que no usáramos la sala. En todos los casos anteriores, nos avisaban con semanas de anticipación, y la conversación siempre fue respetuosa. Nosotros, por nuestra parte, siempre nos aseguramos de que la sala quedara impecable y vacía a la hora acordada para el otro uso.

Cada vez que nos pedían usar otra sala, era raro, porque en la sede hay entre 8 y 10 salas vacías (y muchas veces bastante más grandes) sin usar. Incluyendo espacios recién renovados y hermosos, pero habitualmente vacíos, como el nuevo Salón de Socios. Pero siempre accedimos, para ser buenos vecinos. Al fin y al cabo, es un espacio compartido de la sede, no una casa privada. Nunca tuvimos un problema ni nos quejamos, sobre todo porque era algo poco frecuente, apenas dos veces por año en los últimos años.

Todo eso cambió el viernes 7 de agosto.

Pero retrocedamos un mes antes de esa fecha.

El 19 de julio de 2026, se le avisó a la dirigencia del Minián que el sábado 25 de julio, y de nuevo el sábado 1 de agosto, durante las horas de las tefilot de la tarde y la noche (Minjá, Arvit y Havdalá), no se nos iba a permitir usar la sala, porque la administración le iba a otorgar el uso del Doradito a otros durante ese horario.

No se nos ofreció ningún espacio alternativo ni otra opción; simplemente se nos prohibió entrar a la sala a rezar, y se nos dijo que no había ninguna sala disponible para nosotros durante dos sábados seguidos.

Con una sonrisa, energía positiva y llenos de esperanza, la dirigencia del Minián accedió al pedido. Fue con suficiente anticipación como para conseguir otro espacio en una casa particular y para avisarles a todos los miembros del Minián que fueran a otro lado en esos horarios. En vez de recibir un pedido así una vez cada seis meses, esta vez nos tocó dos veces en seis meses, y encima con la mala suerte de que fue una semana atrás de la otra.

Bueno, qué se le va a hacer. Así es la vida, pensamos.

Esas semanas llegaron y pasaron, limpiamos el Doradito, les preguntamos a varios miembros del Minián si podían invitar a todos a sus casas a rezar, y así lo hicimos. Todo salió bien, y con una sonrisa.

Después llegó el fin de semana siguiente. O, más precisamente, estaba por llegar.

Seis días después de la segunda de las dos prohibiciones de usar el Doradito, el viernes a la noche, 7 de agosto, a las 18 hs —a minutos de la puesta del sol de esa noche— recibimos un mail de la administración, notificándonos formalmente que, por tercera semana consecutiva, se le prohibía al Minián usar el Doradito para rezar al día siguiente por la tarde.

El motivo que dieron fue que, por tercera semana consecutiva, la administración de Hebraica le estaba dando el uso del Doradito, durante nuestro horario de rezo, a otros socios, para un fin que no nos quisieron especificar.

De las aproximadamente 8 a 10 salas vacías de la sede, todas las cuales iban a estar libres en ese horario, en vez de usar cualquiera de esas, solamente querían el Doradito. (Qué curioso: antes de que apareciera el Minián, el Doradito estaba vacío y abandonado durante 15 años… ¡y ahora, de repente, la administración lo quiere tanto!). No iban a usar el vacío Salón de Socios, ni la ex Oficina de Atención al Socio, ni la sala de reuniones del primer piso, ni ninguna de las salas vacías al lado de esa sala de reuniones del primer piso, ni la elegante sala de reuniones arriba de la escalera al lado de las parrillas, ni el habitualmente vacío y magnífico Salón de Adultos, ni ninguna de las otras salas de reuniones. ¡Pero el viejito y humilde Doradito es el único que quieren!

Y, como en las semanas anteriores, no se nos dio ningún otro lugar adónde ir a rezar. Simplemente se nos notificó que no se nos permitía usar el Doradito para rezar en ese horario.

Pero hay algo peor. Detengámonos en un detalle: el horario del mail avisándonos. Las dos semanas anteriores nos avisaron con semanas de anticipación, y eso es razonable. Pero esta vez nos avisaron el viernes a la noche, minutos antes de la puesta del sol.

¿Ven el problema ahí?

Como judíos observantes, desde la puesta del sol del viernes hasta la puesta del sol del sábado no se puede usar electricidad, y como consecuencia, no hay ningún mecanismo real para que los rabinos se enteren de que no pueden usar el Doradito, ni para coordinar y encontrar otro lugar, ni para avisarles a los miembros del Minián. Y aunque todo eso se hubiera podido resolver, ¡también hace falta tiempo y planificación para trasladar nuestro Sefer Torá del Doradito al nuevo lugar!

Es absolutamente irrazonable e injusto, y tal vez hasta discriminatorio, avisarles a judíos observantes que no pueden usar un espacio que vienen usando habitualmente y con permiso durante años, después de la puesta del sol de un viernes.

¿Y entonces qué pasó? Bueno, acá voy a admitir otro error mío —¡porque soy un hombre que comete muchos errores!—: resulta que, cerca de las 19 hs del viernes, más o menos una hora después de la puesta del sol y del inicio del Shabat, revisé mi mail. Sí, estoy admitiendo públicamente que violé el Shabat. Y vi el mail de la prohibición. Y vi que también se lo habían mandado a nuestro Rabino y a nuestra Rebetzin, quienes no tenían ninguna manera de haberlo visto, ya que seguramente no estaban chequeando el mail en los 4 minutos antes de la puesta del sol del viernes.

Al ver ese mail, respondí con un mail firme, argumentando que era injusto notificarnos de esto cuando el Shabat ya estaba empezando. Terminé el mail con una pregunta: dada la injusticia del pedido, ¿qué nos recomendaban hacer razonablemente en esa situación?

A los cinco minutos, recibí un mensaje del Director Ejecutivo de Hebraica, avisándome que, por esta vez, retiraban la prohibición y que podíamos usar el Doradito al día siguiente con normalidad.

En lo inmediato, el problema se resolvió. Pero, ¿a largo plazo? Eso solo el tiempo lo va a decir.

En conclusión, el Minián quiere pedirle a la dirigencia y a la administración de Hebraica lo siguiente:

  • Que nunca más se espere a que el Shabat ya haya empezado para prohibirle a un judío observante usar un espacio que tradicionalmente usó para rezar; esto es, como mínimo, injusto, y en el peor de los casos, discriminatorio.
  • Que en los horarios en que los judíos observantes están rezando y la administración necesita una salita para sus propios fines, se considere seriamente elegir entre las 8 o 10 salas vacías que hay en la sede.
  • Que la frecuencia con la que se le pide al Minián que no use el Doradito vuelva a su ritmo histórico, de algo más parecido a una vez cada 6 meses, en vez del patrón de las últimas 3 semanas (cuando se le pidió al Minián que no usara el Doradito durante 3 de 3 semanas consecutivas).
  • Que, si se le va a pedir al Minián que no use el Doradito para rezar, se nos avise con al menos una semana de anticipación, como se hizo en el pasado.
  • Que, si se le va a pedir al Minián que no use el Doradito para rezar, se le dé al Minián otra alternativa razonable, comparable (y Lo Suficientemente Grande) para usar en su lugar, como el habitualmente vacío Salón de Socios o el habitualmente casi vacío (a esa hora) Salón de Adultos.
  • Dado el “secreto a voces” que hasta la Comisión Directiva conoce, de que ciertos socios están por cerrar en las próximas semanas la compra de una casa dentro de Hebraica que se va a usar para que viva el Rabino, y donde el Rabino va a recibir con los brazos abiertos a quienes quieran rezar en su living: ¿vale la pena revolver el avispero sabiendo que a los que se está molestando ya están de salida, yéndose a otro lado?

 

Por último, quiero recordarte, querido lector, que esto no es un hecho aislado. Basta con leer los artículos anteriores de este mismo blog. Esto es apenas el último brote de tensiones que se vienen manifestando de distintas formas en los últimos años.

¿Me recuerdan cuál es esa frase del Martín Fierro que tanto les gusta citar a los argentinos, sobre los hermanos que deben estar unidos? ¡Sí, esa! Vamos a leer el Martín Fierro juntos; nunca lo leí, pero me encantaría. Parece que hay buenas lecciones para aprender ahí.

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