- Después de pasar su primer año estudiando con el Baal Shem Tov, el sagrado Maguid de Mezeritch volvió a casa. A su suegro no le había gustado nada que su yerno dejara a su esposa para estudiar “Jasidismo” durante un año.
- ¿Y…? ¿Qué tanto aprendiste de especial durante ese año con el Baal Shem Tov? -Preguntó el suegro desafiándolo.
- ¡Aprendí que D-ios existe!
- ¿Que D-ios existe…? ¡Llamen a la empleada y así veremos si necesitás un año estudiando con el Baal Shem Tov para creer en D-ios!
- Al traer a la empleada y preguntarle si D-ios existe, ella responde “-Claro que D-ios existe.”
- ¿Viste? -Concluyó el suegro.
- A lo que el Maguid respondió: “-Ella lo dice. ¡Yo lo sé!“
- El segundo Rebe de Jabad (“Miteler Rebe“), el Rabino Dovber Schneuri, una vez explicaba a sus discípulos qué es un Rebe:
- “Había una familia que fue tirada al calabozo por no haber pagado las tazas al Poritz (“señor feudal”). La familia creció dentro del calabozo en la oscuridad, sin poder ver el hermoso mundo que había afuera.
- Después de muchos años, los patriarcas de la familia fallecieron, dejándoles a los chicos la creencia de que afuera había un mundo lleno de luz, árboles y pájaros, y que la vida en el calabozo no era la verdadera vida. Esa tradición se mantuvo hasta que un día algunos empezaron a cuestionarla.
- ¿Serán verdad todas esas fábulas del abuelo? ¡Me parece que esta es toda la realidad y no hay nada más fuera de este agujero!
- Y los habitantes del calabozo se terminaron dividiendo entre creyentes y no-creyentes.
- Hasta que un día un anciano es tirado al calabozo junto con la comida. Al escuchar los debates, exclama:
- ¡Es todo verdad! ¡Los árboles, el sol, los pájaros! ¡Yo lo vi!
- El Miteler Rebe concluyó:
- “Si vamos a dividir a las personas del calabozo en dos grupos, podríamos pensar que pondríamos a los creyentes de un lado y a los no-creyentes en el otro. Pero no es así. ¡Todos van al mismo lado, y el viejo (el Rebe) va al otro! ¡Porque una cosa es creer y otra cosa es vivir! Lo mismo sucede con los creyentes. A fin de cuentas, están acostumbrados a su realidad limitada y no les incomoda estar ahí. El anciano, en contraposición, desde el día en el que entró al calabozo, luchó para salir de ahí. ¡Porque él sabía lo que era realmente la vida! ¡Y, al conectarnos con el Rebe, podemos empezar a sentir un poco su mismo sentimiento!
- El tercer Rebe de Jabad, el Tzemaj Tzedek, una vez recibió a un yehudí, con cuestionamientos de Fe:
- Tengo una pregunta -dijo Tzemaj Tzedek. ¿Quién dijo que hay un rey sobre nuestras tierras? ¿Vos lo viste? ¡Quizás es todo una farsa y solo quieren amedrentarnos con el inventado concepto de “Rey”!
- No, Rebe… -respondió el yehudí. Yo sé que el Rey realmente existe pues, a pesar de que nunca lo vi, porque soy un simple campesino, ¡mi hermano sí lo vio! ¡Fue a un desfile en la capital, y lo vio con toda su gloria!
- Pero… Quizás tu hermano te está mintiendo.
- No, Rebe… ¡Yo confío plenamente en mi hermano, él es una persona muy honesta!
- Y… -concluyó el Rebe con una sonrisa. ¿Confiás en mí…?
- El sexto Rebe de Jabad, Frierdiker Rebe, una vez dijo:
- “¡Para la verdadera Fe, no hay pregunta que la haga más débil ni argumento que la fortifique!”
Conclusión:
En el judaísmo la verdadera Fe es comparada con la visión, y no con la audición. Al oír algo, podemos creer en ello o no. En cambio, al ver algo, “No hay pregunta que lo haga más débil ni argumento que lo fortifique.” ¡No lo creemos, sino que lo sabemos!
Todo yehudí tiene una chispa de HaShem dentro de sí. A partir de ella, nosotros sabemos que HaShem existe, pero en la mayoría de los casos esa chispa está oculta en la materia y oscuridad del cuerpo. ¡La tarea es revelar esa parte de la Neshama, la cual se revelará automáticamente activando la verdadera Fe!
Los Tzadikim tienen la Neshama ya activada, es por eso que ellos no cuestionan la existencia de D-ios, porque ellos “Lo ven“.
